La importancia de la sensación de saciedad

Comparte este contenido:

Es una sensación física con la que nacemos todos y que notamos en la parte superior del estómago. Es parecido a cuando bebemos porque tenemos sed y notamos que ya tenemos suficiente. Pues la sensación de saciedad nos dice que ya hemos comido bastante y que ya tenemos suficiente energía en el cuerpo.

Pero esta sensación física que tenemos todos al nacer, muchos la perdimos en la niñez. Cuando te sentabas a comer en la mesa durante tu infancia, comías un poco y decías que no querías comer más porque ya no tenías hambre. Seguramente oíste este tipo de frases o parecidas de tus padres o cuidadores.

  • Tienes que comértelo todo.
  • Hasta que no te lo comas todo no te levantarás de la mesa.
  • Si no te lo comes todo no irás a jugar.
  • Te quedarás sin postre si no te lo comes todo.
  • Te comerás para cenar lo que dejes en el plato.
  • En esta casa no se tira nada.
  • Si no te lo comes todo no crecerás.
  • Si no te lo comes todo enfermarás.
  • Hay niños en África que pasan hambre.
  • Come, come, come.

Los niños sienten de forma natural las sensaciones físicas en su cuerpo, notan que no tienen más hambre. La insistencia durante la infancia en que se coman todo lo que hay en el plato hace que la sensación de saciedad se desconecte.

Unas preguntas para que sepas dónde estás ahora, ¿te comes prácticamente siempre todo lo que hay en el plato?  ¿te sientes lleno/a y dices, un par de bocados más y me lo acabo? ¿tienes la tendencia de acabar los platos de los demás, especialmente si tienes niños, para que no sobre nada?

La sensación de saciedad se desconectó

La sensación de saciedad se desconectó porque no le hacíamos caso. Porque nos entrenaron a no confiar en nuestro cuerpo y a comerlo todo, sí o sí.

Aunque la sensación de saciedad está desconectada esto no quiere decir que no pueda volver a sentirse. La clave para recuperarla es comer conscientemente o dicho de una forma más práctica, disfrutar comiendo.

Parece que todos creemos que disfrutamos comiendo, pero en la mayoría de las veces no es cierto. Si comes deprisa no disfrutas. Si comes con ansiedad y preocupaciones no disfrutas. Si estás pensando en otras cosas cando comes, no disfrutas. Si estás comiendo distraídamente o hablando con otras personas, no disfrutas.

Si has leído atentamente el párrafo anterior habrás llegado a la sospecha de que posiblemente no disfrutas comiendo, aunque pienses que sí. Cuando se come distraídamente, deprisa y se engulle rápidamente no se está disfrutando de la comida.

La importancia de disfrutar comiendo

Disfrutar comiendo significa notar el sabor y la textura de lo que tienes en la boca. Al comer con la intención de disfrutar, empiezas a degustar y saborear realmente lo que estás masticando.

Te tomas tu tiempo y cuando no queda sabor en el bolo alimenticio lo tragas. Sigues así con los siguientes bocados hasta que notas algo en el estómago. Esta sensación es la saciedad.

Sí. Notarás una sensación en el estómago que te dirá que ya tienes suficiente energía, que ya has comido suficiente. Esto suele sorprender inicialmente porque nos queda comida en el plato y estamos acostumbrados a comerlo todo.

Si paramos de comer, parece que no hacemos lo que debemos, lo que hemos hecho siempre y lo que hace la mayoría de la gente. En efecto el hábito de comerlo todo es automático y tenemos que hacer un esfuerzo al principio para cambiarlo.

Además, nos sorprende que hemos comido menos de lo habitual cuando sentimos saciedad y pensamos, ¿es esto normal? ¿no tendré hambre después?

Esta reacción es normal, y la explicación es que generalmente comemos demasiado y cuando escuchamos al estómago comemos menos de una forma natural.

La sensación de saciedad es diferente de sentirse lleno/a. Y es algo que suele confundirse. Esta sensación significa que hemos comido demasiado y no podemos más.

La relación entre la saciedad y el placer al comer

El cerebro recompensa que comamos sintiendo placer al hacerlo. En algunos experimentos con ratas de laboratorio se les cortó la zona del cerebro asociada al placer al comer y las ratas morían de inanición porque no tenían estímulo para comer, no había la recompensa del placer para disfrutar el alimento.

La secuencia de este mecanismo de placer es la siguiente:

El primer bocado sabe maravillosamente bien. El segundo también sabe muy bien. El tercero está muy bueno. Los siguientes bocados van perdiendo el sabor y el placer en la comida disminuye.

A medida que comes, el alimento pierde el sabor, ya no sabe tan bien, hasta que finalmente es una pasta en la boca que no nos proporciona ningún placer. Esto significa que ya no necesitamos más energía y que podemos parar de comer.

Así que has descubierto que puedes notar la saciedad de dos maneras, por la sensación en el estómago que hemos descrito antes y porque el bolo alimenticio ya no tiene ningún sabor y masticas una pasta insípida.

Pero hay una tercera forma de sentir saciedad que tienen una minoría de personas. Están comiendo y llega un punto en el que perciben de forma intuitiva que ya tienen suficiente y paran de comer. Algo les dice que ya tienen bastante y dejan de comer.

La mayoría de las personas se comen todo lo que hay en el plato y éste es uno de los hábitos negativos que les han hecho engordar porque comen constantemente más de lo que su cuerpo necesita. Imagina a lo largo de los años, cuántos kilos de más has puesto en tu cuerpo por acabarte siempre lo que hay en el plato.

Ahora imagínate haciendo lo contrario, parando de comer cuando sientes saciedad. Si lo haces así, notarás que comes menos, bastante menos, puedes llegar a comer la mitad o menos y no pasa nada. Piensa que durante años has comido en exceso, más de lo que tu cuerpo necesitaba para funcionar óptimamente.

Cuando reconectas con la saciedad y paras de comer, resulta que comes menos, progresivamente, sin esfuerzo y además adelgazas de una forma natural, y saludable.

SOBRE EL AUTOR:

Luis Navarro

En 1994 me mudé a Estados Unidos donde completé los estudios de Piscología Espiritual en la Universidad de Santa Mónica y posteriormente amplié mi formación en Stanford en California. Master en Hipnosis, terapeuta, coach co-activo y especialista en gestión de las emociones.


Comparte este contenido:

Deja un comentario


*