Gestionar las emociones para adelgazar

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Muchas personas que han hecho dietas piensan que adelgazar es solo un asunto de fuerza de voluntad. Creen que si se esfuerzan lo suficiente siguiendo la dieta podrán adelgazar. He conocido personas con una gran fuerza de voluntad que no han conseguido adelgazar y se sienten frustradas porque habitualmente suelen conseguir lo que se proponen, pero les es imposible controlar su peso.

Otras personas con menos fuerza de voluntad se sienten culpables por su sobrepeso, piensan que si tuviesen más fuerza de voluntad conseguirían adelgazar.

Lo cierto es que todas las personas que hacen dietas tienen mucha fuerza de voluntad, son capaces de pasar hambre durante semanas y meses para adelgazar.

La causa no es la falta de voluntad. Falta una pieza importante para adelgazar. Algo que hace años pasaba desapercibido y que la experiencia de muchas personas ha evidenciado. A la hora de adelgazar las emociones tienen un papel muy importante. Es tan crucial que, si no se gestionan bien emociones como la ansiedad, adelgazar se convierte en una montaña rusa de subidas y bajadas en la ingesta de alimentos debido a los estados emocionales.

Somos seres emocionales y los sentimientos que tenemos determinan nuestro comportamiento.

Sabemos por experiencia que una persona relajada come menos que una persona ansiosa. Hemos experimentado que las emociones que nos desbordan pueden impulsarnos a comer en exceso o en algunos casos nos cierran el estómago y apenas comemos. Siendo más frecuente el primer escenario.

Cuando nos sentimos mal emocionalmente buscamos inconscientemente cambiar nuestro estado anímico y en esta búsqueda hay personas que acuden a la comida, el tabaco, el alcohol, el juego, las compras y muchos otros comportamientos compulsivos. No es habitual que alguien se pare para observar lo que está sintiendo, para ser plenamente consciente de las emociones que están presentes en ese momento.

dieta-comida

La sociedad actual valora el control emocional y se asume la idea que desde la mente se pueden controlar las emociones. La experiencia demuestra que no es cierto y que cuanto más queremos controlar una emoción como la ansiedad, más ansiedad tenemos y más frecuentemente. 

La raíz del problema con las emociones es que raramente he encontrado a alguien que sepa qué hay hacer con ellas, tener inteligencia emocional no es algo frecuente. La mayoría de la gente divide las emociones en buenas o malas, positivas o negativas. Frente a una emoción “negativa” la opción es evitarla, hacerla desaparecer, controlarla de alguna manera.

Gran cantidad de los ansiolíticos que se consumen consiguen un efecto momentáneo de cierto control de la ansiedad que va despareciendo con el tiempo y requiere una dosis mayor para tener el mismo efecto.

Pero ¿y el miedo, la tristeza, la apatía, la frustración, la impotencia, la rabia, el odio, el dolor por la pérdida de un ser querido?

No hay un medicamento para cada emoción “negativa”. Y posiblemente no lo habrá nunca.

Es nuestra percepción negativa de ciertas emociones la que crea el problema de las emociones y nos lleva a la búsqueda de sentirnos mejor inmediatamente usando la comida para obtener una satisfacción instantánea que después se convierte en culpabilidad por haber comido en exceso y haber engordado. La paradoja es que lo que inicialmente me hace sentir bien, comer, después me hace sentir fatal, al engordar.

Tener ansiedad es igual a comer para muchas personas, incluso comer en exceso. Al repetir este comportamiento a lo largo del tiempo se ha convertido en un hábito. Es algo que hacemos automáticamente cuando nos sentimos mal o con ansiedad, ya no lo pensamos o decidimos, simplemente lo hacemos. Me siento mal y como.

Actualmente se sabe que solo si se aborda el aspecto emocional del sobrepeso se puede adelgazar. No se trata de hacer terapia, no es eso, aunque puede ser una opción en algunos casos. Las alternativas más eficaces son las que educan emocionalmente al cliente con sobrepeso, las que le dotan de la capacidad de resolver sur propias emociones cuando se producen.

Un aspecto muy importante es dejar de categorizar las emociones como positivas o negativas y entender que éstas suceden, que son intrínsecamente neutras, aunque pueden ser incómodas.

Todas ellas tienen un valor importante porque nos dan información sobre la relación con nosotros mismos, con los demás y con el mundo.

Si entendemos que la incomodidad o el sufrimiento es algo intrínseco en ciertos momentos de la vida y que hemos de pasar por ello, esto hace mas fácil comprender que gran parte del sufrimiento emocional se debe a no aceptar lo que es, lo que hay.

Las grandes corrientes de sabiduría de la humanidad nos aleccionan a aceptar la realidad y las emociones, y nos dicen que si resistimos lo que es o lo que sentimos, los sentimientos duran más y se hacen más intensos. Parece que la rebelión contra la realidad y lo que sentimos no depara buenos resultados, más bien al contrario.

Mi método

La estrategia que uso con mis clientes es enseñarles a entender que las emociones son algo físico, algo que sucede en el cuerpo. Cuando tenemos ansiedad muchos lo notan mediante una sensación física en el estómago o el pecho. Esta es la raíz física de la emoción. La cabeza sabe o nota que pasa algo en el cuerpo y lo identifica como ansiedad, igual que la mente identifica el hambre, la sed, el picor, el sueño, etc.

Las emociones son energía que sucede en el cuerpo. No las decidimos generalmente, sino que surgen constantemente. Entender esto es fundamental para dejar de abordarlas como algo mental que la mente puede resolver, lo que se ha demostrado imposible, y abordarlas como la energía física que son.

Al abordarlas físicamente se activa la capacidad de auto regulación de la energía de las emociones que es parte del ADN de los seres humanos. En vez de controlar presenciamos la evolución de esa energía en el cuerpo y su resolución. Somos espectadores del flujo de energía que sucede en nuestro cuerpo cuando aceptamos lo que sentimos y permitimos que nuestro organismo haga su trabajo.

De esta forma se logra gestionar las emociones o, mejor dicho, permitir que la inteligencia de nuestro organismo las resuelva. Puede hacerlo con cualquier emoción, no importa lo intensa que sea. Como consecuencia dejamos de comer compulsivamente cuando tenemos ansiedad o nos sentimos mal emocionalmente. Así evitamos vivir en una montaña rusa caracterizada por la privación y el atracón a la hora de comer.

Y al saber resolver las emociones adelgazamos consistentemente.

 

 

SOBRE EL AUTOR:

Luis Navarro

Me formé en Estados Unidos, donde residí 8 años. Soy terapeuta por la University of Santa Mónica (California) Hipnoterapeuta Clínico y Master en Hipnosis, coach co-activo por CTI y experto en emociones. Ayudo a mis clientes a dejar de fumar, adelgazar y a procesar las emociones.


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