Aquí te cuento qué estímulos hacen que comas constantemente sin tener hambre.

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La mayoría de las personas te dice que come porque tiene hambre.

En realidad, no experimentan hambre física en el estómago, no tienen ninguna necesidad física de energía, lo que sucede es que interpretan sensaciones, pensamientos y emociones como hambre cuando no lo es.

Lo que sucede es que recibimos estímulos constantes para comer. Descubramos cuáles son para poder saber si realmente es hambre física, y así evitar comer en exceso:

Estímulos que nos impulsan a comer constantemente:

  • El primero es el estímulo visual.

Comemos por la vista, por los ojos. Si nos enseñan una bandeja con postres después de comer, el color, la presentación y la distribución nos estimulan a comer.

Es atractivo a la vista y comeríamos más, aunque el estómago nos diga que ya estamos llenos.

Brian Wansink en su libro Mindless Eating: Why We Eat More Than We Think, recoge los resultados de incontables estudios realizados en su laboratorio y también los de otros colegas y afirma lo siguiente:

“En general, la gente decide la cantidad de algo que comerá, basándose en la información de la vista”.

De manera que tu mirada contará más que la información procedente del estómago y del cuerpo.

Brian Wansink

Ten siempre en cuenta que lo que te impulsa a comer visualmente es lo atractiva que es la presentación o el alimento. La belleza de lo que ves te estimula para comerlo.

Posiblemente lo que tienes es una necesidad de belleza, no de comida bella. Sería bueno nutrir esta necesidad de belleza con algo hermoso para ti que puedan contemplar tus ojos: naturaleza, flores, un diseño, un grabado, etc.

  • En segundo lugar tenemos el estímulo olfativo.

Quizás te ha pasado que el intenso olor a hamburguesa que viene de una cadena de restaurantes ha estimulado tu deseo de comer. El olor tiene un efecto muy potente y primitivo en nuestro cerebro.

Estimula recuerdos y deseos, independientemente de lo que nos diga nuestro estómago.

Las empresas de alimentación, por ejemplo, nos han convencido de que el aroma del café por la mañana es algo necesario, imprescindible, agradable y placentero. Han gastado millones para asociar en nuestras mentes eslóganes del tipo: “el aroma que nos une”.

¿Que sientes cuando pasas por una panadería o pastelería y percibes el olor del pan o los pasteles?

Pues que inevitablemente tienes el impulso de entrar y comerte algo que huele tan bien.

Pero recuerda que es solo un impulso, un estímulo. No es hambre real.

  • Un tercer estímulo, es el estímulo bucal.

El estímulo bucal se pude explicar con la expresión, “se me hace la boca agua”.

Es decir que solo pensar en algo que nos gusta estimula la salivación y sentimos más saliva en la boca. Todos tenemos el deseo de disfrutar comiendo y guardamos en nuestra mente los sabores que nos gustan y que deseamos repetir porque queremos tener sensaciones placenteras en la boca.

El estímulo bucal depende de los hábitos de alimentación de tu familia, de la zona de la tierra donde creciste y también de tradiciones culturales.

En algunas culturas, las hormigas son deliciosas. y en otras repugnantes. El cocido es un plato muy apetecible en invierno, por su consistencia y sus sabores fuertes que nos hacen sentir bien.

Ten en cuenta que el placer en la comida se siente en la boca y que comer deprisa nos impide disfrutar de lo que estamos comiendo. Por la tanto es importante comer con la intención de disfrutar y saborear la comida.

  • Otros estímulos proceden directamente de la mente.

Los estímulos mentales vienen de pensamientos. Suelen basarse en absolutos y opuestos, comida saludable y comida basura, lo que se debe comer y lo que no debemos comer.

La comida parece ser a veces la causante de enfermedades como el colesterol, diabetes o hipertensión. Otras veces es nuestra enemiga y estamos en guerra con ella porque nos hace engordar.

Tenemos una lista de alimentos que nos engordan, otra de los que son peligrosos para nuestra salud, y así vamos comiendo desde la mente con preocupación y ansiedad.

  • Por último los estímulos emocionales.

Estos estímulos nos impulsan a comer cuando nos sentimos mal emocionalmente, desbordados por las circunstancias, preocupados y sentimos ansiedad o nervios.

Pero ¿comer resuelve los problemas? ¿Comer cambia las emociones que sentimos?

La respuesta a las dos preguntas es un rotundo ¡No!

Seguirás sintiendo las mismas emociones delante de los mismos problemas, y solo habrás logrado engordar y sentirte peor.

Está en tus manos controlar estos estímulos.

Hemos visto los estímulos que nos impulsan a comer: el visual, el olfativo, el bucal, el mental y el emocional.

Cuando vayas a comer observa si alguno de los estímulos que has descubierto en este artículo está presente, si es así, conecta con tu estómago y observa si realmente tienes hambre física.

Puedes darte lo que necesitas en cada momento sin recurrir siempre a la comida.

Para la vista es buscar una alternativa de belleza, para el olfato es simplemente disfrutar del aroma, para el estímulo bucal es comer con la intención de disfrutar comiendo, y para el mental y emocional, aceptar y sentir tus pensamientos y emociones.

¿Has identificado alguna situación en la que un estímulo te haya impulsado a comer?

¿Quieres aprender a comer desde el estómago escuchando a tu cuerpo?

Espero tus comentarios al final de esta página.

SOBRE EL AUTOR:

Luis Navarro

En 1994 me mudé a Estados Unidos donde completé los estudios de Piscología Espiritual en la Universidad de Santa Mónica y posteriormente amplié mi formación en Stanford en California. Master en Hipnosis, terapeuta, coach co-activo y especialista en gestión de las emociones.


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